miércoles, 10 de diciembre de 2008

Nevermind




Hay pocos discos en la historia del rock que se puedan dar el lujo de ser un clásico el mismo día de su lanzamiento. Los hay vendedores, con onda, con muchos hits, rompedores de esquemas, extraños, lentos, rápidos o sucios. Pues Nevermind de Nirvana es el compendio de todo esto y mucho más.

A principios de los '90, cuando el pop marketero deMadonna, Michael Jackson y los New Kids on the Block estaban decayendo, cuando el rap y el hip-hop se convertían en la nueva fuerza para la juventud, el mundo del rock se remeció. Hacía muchos años, desde mediados de los '70s que el rock no se veía en su magnitud plena. Claro, porque los rockers de los '60s y '70s se adecuaron a la tendencia plástica y volátil de los '80s, vendiéndose primero a la música disco de finales de los '70s (como Kiss) y luego a los charts de MTV y todo el movimiento ultra pop de los '80s.

Luego de una década de excesos de márketing, grupos inventados, el glam rock de las melenas amarillas y del rosado en las zapatillas tigre, el mundo colapsó. Y no sólo colapsó por la música, colapsó por la política y el medio ambiente. Fue así como la conciencia ambiental pasó de ser hippie a ser problemática mundial, la URSS se destruyó al igual que el muro de Berlín y la llegada de la última década del milenio auguraba un cambio rotundo y una nueva forma de ver la vida.

En el rock, la semilla de varios grupos que se perdieron durante la vorágine de los '80s comenzaba a germinar en los bares y locales de USA, especialmente en California (llevado hacia la veta más funk y punk) y en Seattle (con una nueva versión del rock pesado de los '70s, el Grunge). Fue en ese instante, uno de los más prolíficos y explosivos que ha visto el rock desde los '60s, en que un atribulado joven rubio de Aberdeen (Washington) llamado Kurt Cobain ingresó a realizar su segundo trabajo de estudio con su banda Nirvana. Su anterior trabajo, Bleach, fue un disco piloto, con mucha fuerza, pero poca forma. En ese disco apareció la canción más "pop" del grupo hasta ese día, la que se convirtió en un éxito radial: "About a Girl", claro que mantenía las bases de las progresiones de los Pixies y otras influencias que se revelarían con mayor claridad más adelante.

La grabación del segundo disco de Nirvana vino con nuevos bríos para la banda. Las sesiones fueon largas, agotadoras; el trabajo en estudio era extraño, pasando de la euforia de un Cobain que saltaba de un lago para otro y grababa en un par de horas varias sesiones de guitarra y luego el otro Kurt, ese que se quedaba mirando fijo la guitarra un día entero sin sacarle una nota. Las premezclas no eran del agrado de Kurt, lo que llevó a un cambio en el staff técnico y apuró la llegada de Andy Wallace, quien había saltado a la fama con su mezcla de "Walk this Way" en la versión de Aerosmith con Run-DMC. Así, el grupo continuó la grabación, realizando un trabajo más parecido a lo que se lograba en los álbumes de los años '60s, en que la banda tocaba junta y se grababa en directo. Kurt no quería reemplazar muchas tomas, sobremezclar demasiado, le gustaba que fuese algo desprolijo. 

Fue así com "Smells like teen spirit" su primer single, fue grabado en tres sesiones, todas en directo a modo de ensayo. El trabajo de mezcla por parte de Wallace logró depurar el sonido de Nirvana y elevarlo de ser una excelente banda de ciudad a ser un grupo que sonaba como estrellas del rock. Años después Kurt renegaría de este sonido limpio, expresando que Nevermind debió ser más sucio, más en directo, como eran ellos. 

La selección de temas que van desde el clásico "Smells..." hasta la deprimente "Something in the way" es perfecta. Es un disco enérgico, punzante, duro, sin tapujos y sin miramientos. Es rock simple y directo, del bueno y del que hacía falta por al menos 1 década. 




Cada una de estas canciones se convirtió en un clásico, en una fuente inagotable de rock. Así nació el sonido de Seattle, el GRUNGE, la nueva fuerza del rock que fue seguida por Pearl Jam, Stone Temple Pilots, Soundgarden, Colective Soul, Silver Chair, Candlebox y un sin número de otros grupos que tomaron las riendas del caballo loco que soltó Nirvana en su disco Nevermind. Y aunque Kurt no soportó convertirse en ídolo, ni las sesiones larguísimas para la grabación de videoclips, ni la forma en que su vida pasó a ser propiedad pública, ni en que su música fuese un objeto de mercadeo, única verdad es que Nevermind fue el disco que cambió la forma en que el mundo entendió el rock a finales del milenio pasado.

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